Dios conoce todos nuestros pensamientos. Al igual que entendemos a los demás cuando nos dicen algo, así también nuestra mente le habla al Señor, porque Dios le otorgó ese entendimiento al crearla. Por eso, tenemos permitido orar no sólo en voz alta, sino también dirigiendo a Dios toda la fuerza de nuestro interior espiritual, como hablándole con la mente, en un diálogo permanente con Él. Esta es la verdadera oración, cuando sentimos ese clamor saliendo de nuestro interior. Así es como debe orar el alma contrita y sufriente, porque la oración no se demuestra con el dolor en la voz, sino con la devoción de pensamiento. Así oraba Moisés, ya que, sin pronunciar palabra alguna, Dios le respondió: “¿Por qué clamas a Mí?”. Los hombres no oyen sino su propia voz, pero antes de ello ya Dios ha escuchado a quienes le claman desde su interior. Por consiguiente, Él nos escucha aunque no hablemos. Esto significa que podemos orar con nuestra mente aún hallándonos entre nuestros amigos o al trabaja...