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Mostrando las entradas de abril, 2017

Domingo de la Divina Misericordia

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La misericordia de Cristo no es una gracia barata; no implica trivializar el mal. Cristo lleva en su cuerpo y en su alma todo el peso del mal, toda su fuerza destructora. Quema y transforma el mal en el sufrimiento, en el fuego de su amor doliente. El día de venganza y el año de misericordia coinciden en el misterio pascual, en Cristo muerto y resucitado. Esta es la venganza de Dios: él mismo, en la persona de su Hijo, sufre por nosotros. Cuanto más nos toca la misericordia del Señor, tanto más somos solidarios con su sufrimiento, tanto más estamos dispuestos a completar en nuestra carne «lo que falta a las tribulaciones de Cristo» (Col 1, 24). (Joseph Ratzinger, Homilia, Misa "Pro Eligendo Pontifice", 18 de abril del 2005) María pues es la que conoce más a fondo el misterio de la misericordia divina. Sabe su precio y sabe cuán alto es. En este sentido la llamamos también Madre de la misericordia: Virgen de la misericordia o Madre de la divina misericordia; en cada uno ...

La alegría de la Resurrección - Papa Francisco

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¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado! El sentimiento dominante que brota de los relatos evangélicos de la Resurrección es la alegría llena de asombro, ¡pero un asombro grande! ¡La alegría que viene de dentro! Y en la liturgia revivimos el estado de ánimo de los discípulos por las noticias que las mujeres les habían llevado: ¡Jesús ha resucitado! ¡Nosotros lo hemos visto! Dejemos que esta experiencia, impresa en el Evangelio, se imprima también en nuestro corazón y se transparente en nuestra vida. Dejemos que el asombro gozoso del Domingo de Pascua se irradie en los pensamientos, en las miradas, en las actitudes, en los gestos y en las palabras... ¡Ojalá fuésemos así de luminosos! Pero esto no es un maquillaje. Viene de dentro, de un corazón inmerso en la fuente de este gozo, como el de María Magdalena, que lloraba la pérdida de su Señor y no creía a sus ojos al verlo resucitado. Quien experimenta esto se convierte en testigo de la Resurrección, porque en cierto sentid...

Cristo resucitó, la muerte fue vencida - San Agustín de Hipona

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¿Por qué, pues, te extrañas? Cristo es, ciertamente, la vida. ¿Por qué murió la vida? No murió ni el espíritu ni la Palabra; fue su carne la que murió, para que en ella muriese la muerte. Sufriendo la muerte, dio muerte a la muerte: puso el cebo en el lazo al león. Si un pez renunciara a comer, no caería en el anzuelo. El diablo tenía avidez y avidez de muerte. La cruz de Cristo fue una trampa; la muerte de Cristo, mejor, la carne mortal de Cristo, fue como el cebo en una ratonera. Vino, lo tragó y quedó preso. Ved que Cristo resucitó: ¿dónde queda la muerte? Ya se dice en su carne lo que al final se dirá en la nuestra: La muerte ha sido absorbida en la victoria (1Co 15, 54). Había carne, pero no corrupción. Permaneciendo la misma naturaleza, se transforma su modo de ser; la sustancia es la misma, pero en ella no habrá ya defecto alguno, ninguna lentitud, corrupción, necesidad, nada mortal, nada de lo que solemos conocer en la tierra. La tocaban, la manoseaban, la palpaban, pero no...

Cristo asumió en su carne la maldición del pecado - San Agustín de Hipona

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Rodrigo Crespo - "Cristo en la ciudad" Tampoco hay que considerar como una afrenta al Señor el llamar maldito a quien penda de un madero, pues colgó de él en la parte mortal de su persona. Ahora bien, los creyentes saben de dónde procede la condición mortal: proviene, sin duda, del castigo y maldición originados en el pecado del primer hombre. Esa maldición la asumió el Señor y en su cuerpo llevó sobre la cruz nuestros pecados. Si hubi ese dicho: La muerte ha sido maldecida, nadie se hubiese horrorizado; mas ¿qué otra cosa pendió del madero sino la muerte del Señor para vencer, muriendo, a la muerte? Por tanto, ha sido maldecida la misma que ha sido vencida. De igual manera, si hubiera dicho: El pecado ha sido maldecido, nadie se extrañaría; pero ¿qué otra cosa colgó del madero, sino el pecado del hombre viejo que el Señor asumió en nuestro favor en la misma mortalidad de la carne? Ésa es la razón por la que el Apóstol ni se sonrojó ni temió decir que lo hizo pecado po...

Viernes Santo - Santo Temblor

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Brooklyn Museum - The Confession of Saint Longinus (Confession de Saint Longin) - James Tissot Cum metu et tremore vestram salutem operamini (Epistula ad Philippenses 2, 12). Con temor y temblor trabajar por vuestra salvación (Carta a los Filipenses 2, 12) Por medio de su epístola a los cristianos de Filipos, el Apóstol nos exhorta a obrar en pos de nuestra salvación con temor y temblor. Con temor de Dios, pero no solo con temor, sino también con temblor. Muchas veces se olvida esta virtud y este don del temblor, o se tiende a homologar ambas nociones. Yo pienso que hoy día, aún más que el Santo Temor de Dios, escasea el Santo Temblor, que es hasta para muchos cristianos desconocido. Centurio autem et, qui cum eo erant custodientes Iesum, viso terrae motu et his, quae fiebant, timuerunt valde dicentes: “Vere Dei Filius erat iste!”. (Evangelium secundum Matthaeum 27, 54) Cuando el centurión y los que con él estaban custodiando a Jesús sintieron el terremoto y lo que pasaba,...