¡Con Dios o contra Dios! - S.S. Pio XI

¡Con Dios o contra Dios!

Es, por consiguiente, necesario, Venerables Hermanos, que incansablemente nos pongamos en contra, como muralla para defender la casa de Israel, uniendo también nosotros todas nuestras fuerzas en un único y sólido frente compacto contra las malvadas falanges enemigas tanto de Dios como de la humanidad. En efecto, en esta lucha se ventila el problema fundamental del universo y se trata la más importante cuestión sometida a la libertad humana; con Dios o contra Dios; es ésta, nuevamente, la elección que debe decidir el destino de la humanidad; en la política, en las finanzas, en la moralidad, en las ciencias, en las artes, en el Estado, en la sociedad civil y doméstica, en Oriente y en Occidente, en todas partes asómase este problema como decisivo por las consecuencias que de él se derivan. De manera que los mismos representantes de una concepción totalmente materialista del mundo ven siempre reaparecer delante de ellos la cuestión de la existencia de Dios que creían ya suprimida para siempre, y se ven obligados a reanudar su discusión.

Por ello, pues, conjuramos en el Señor, tanto a los individuos como a las naciones, a deponer ante tales problemas y en estos momentos de tan encarnizadas luchas vitales para la humanidad, ese mezquino individualismo y abyecto egoísmo, que ciega aún las inteligencias más perspicaces y hace fracasar cualquier noble iniciativa, por poco que esta salga de los estrechos límites del restringidísimo cerco de sus pequeños particulares intereses; únanse todos, aún con graves sacrificios, para salvarse a sí mismos y salvar a la humanidad. En tal unión de ánimos y de fuerzas deben ser naturalmente los primeros quienes se glorían del nombre de cristianos, recordando la gloriosa tradición de los tiempos apostólicos, cuando la multitud de los creyentes formaba un solo corazón y una sola alma; mas concurran leal y cordialmente también todos los otros que todavía admiten un Dios y le adoran, para alejar de la humanidad el grave peligro que amenaza a todos. Porque, en efecto, el creer en Dios es la base indestructible de todo orden social y de toda responsabilidad sobre la tierra: y por ello todos los que no quieren la anarquía y el terror deben enérgicamente empeñarse en que los enemigos de la religión no alcancen el objetivo que tan abiertamente han proclamado.


(S.S. Pío XI, Caritate Christi Compulsi, 7)





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